| Explicacion
Alguien me recomendó esta historia diciendo: "Vos que estás en el mundo de las computadoras vas a disfrutarla muchísimo". Tenía razón. Además, aparecen en ella todos los elementos que pueden fascinar a un lector de CF. De manera que, como gran parte de los lectores de Axxón están, lo quieran no, en el mundo de la informática, y encima les gusta la CF, estamos seguros de que tenemos garantizado el éxito de este trabajo del escritor norteamericano Charles Sheffield. La primera vez que me enredé con las computadoras digitales fue a finales de 1958. Tal vez les suene a la edad del oscurantismo, pero nosotros nos considerábamos infinitamente más avanzados que nuestros predecesores de la década anterior, cuando la mayor parte de la programación se hacía metiendo enchufes en tableros y cuando una calculadora programable secuenciada a tarjeta era considerada el colmo de la sofisticación. Aun así, en el año 1958 estábamos tan atrasados que la discusión entre computadoras analógicas o digitales todavía no se había definido en forma decisiva en favor de las digitales. La primera computadora que programé era, según cualquier criterio, una bruta. Se llamaba DEUCE, iniciales de Máquina Computadora Universal Electrónica Digital, y era, como les resultará razonable a los jugadores de naipes, la sucesora de la ACE (iniciales de Máquina Computadora Automática) desarrollada por el Laboratorio Nacional de Física de Teddington. A diferencia de ACE, DEUCE era una máquina comercial, y el comentario de uno de los diseñadores acerca de la propia ACE nos da una idea de sus posibles defectos: "Si hubiéramos sabido que iban a desarrollarla con fines comerciales, la habríamos terminado". DEUCE era lo bastante grande como para meterse dentro. Los ingenieros lo hacían, para golpetear con un destornillador los tubos de vacío sospechosos, cuando la bestia se encaprichaba. Lo cual sucedía a menudo. Era tan común que los problemas se originaran en errores de la máquina como en errores de programación, y los errores de programación eran espantosamente frecuentes porque estábamos trabajando en un nivel tan cercano a la lógica básica de la máquina que sería imposible imaginárselo hoy en día
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