| Explicacion
Esta historia engloba, en medio de una acción vertiginosa, una cantidad de temas que preocupan a los seres humanos (y no sólo a la parte femenina de la humanidad): la libertad individual, los problemas de comunicación entre generaciones, etc. El teléfono sonó cuando estaba revisando la moción de la defensa. —Es un llamado universal —dijo Bysshe, mi asistente legal, estirando la mano—. Probablemente es el acusado. No se permite usar firmas desde la cárcel. —No, no es —dije—. Es mi madre. —Oh. —Bysshe tomó el receptor—. ¿Por qué no está usando su firma? —Porque sabe que no quiero hablar con ella. Debe haber averiguado lo que hizo Perdita. —¿Su hija Perdita? —preguntó, apretando el receptor contra su pecho—. ¿La que tiene una niña? —No, esa es Viola. Perdita es mi hija menor. La que no tiene criterio. —¿Qué hizo? —Se unió a las Ciclistas. Bysshe quedó inquisidoramente en blanco, pero yo no estaba con ganas de aclarárselo. O con ganas de hablar con mi madre. —Sé exactamente lo que mamá va a decir —dije—. Me preguntará por qué no se lo conté, y luego exigirá saber qué voy a hacer al respecto, y no hay nada que pueda hacer al respecto, de lo contrario, obviamente, ya lo habría hecho.
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